A
continuación transcribimos algunos de los últimos y conmovedores
escritos de Allen Gardiner, a través de los cuales podemos apreciar algo
más de su amor por el Señor y por las almas de los desamparados.
Los textos bíblicos, o alusiones a ellos, en las cartas que escribió
Gardiner sin citar las referencias, han sido introducidas por nosotros entre
corchetes: [ ].
Meditación escrita por A. Gardiner en su último cumpleaños:
El 28 de junio de 1851, al cumplir 57 años, Gardiner ya captaba la
posibilidad de la tragedia. Sin que él lo supiera, al mismo tiempo moría
el primero del grupo que habría de caer en su totalidad. Para escribir
estas líneas se retiró solo a la caverna, donde a veces se refugiaba.
Meditó sobre el versículo bíblico que cita al rey David
diciendo: ¿Quién soy yo... para que Tú me hayas traído
hasta aquí? (2.º Samuel 7:18). Hizo una revisión de
su vida y agregó:
«Estamos ahora, por la providencia de Dios, en circunstancias que son
atribuladoras para la carne... Pero no estaré ansioso en relación
con ello; estamos en el servicio del Señor y Él es misericordioso
y lleno de compasión. Aunque cause pena, tendrá compasión,
de acuerdo con la multitud de sus misericordias. Sé que está escrito:
Los que buscan al Señor no tendrán falta de ningún
bien (Salmo 34:10). Y otra vez: Echa sobre el Señor tu carga
y Él te sustentará (Salmo 55:22)... Todo lo que el Señor,
en su providencia, crea bien sustraer, es lo que Él mismo ha otorgado...
Sin embargo, oro por que, si está de acuerdo con tu santa voluntad, oh
mi Padre celestial, mires con compasión hacia mí y mis compañeros,
maltratados por la falta de alimento, y te ruego que proveas lo que nos es necesario...
pero si debe ser de otra manera, cúmplase tu voluntad... Que yo aprenda
la completa sumisión de mi voluntad a la tuya; que el altar del orgullo
sea abatido en mi corazón... Señor, clamo, porque Tú seas
honrado en mí, sea por la vida o por la muerte, y que yo jamás
me aparte de ti. Sosténme por tu gracia y guárdame de la ansiedad
del temor, de la murmuración y la incredulidad y que el sincero lenguaje
de mi corazón sea en toda circunstancia: El Señor dio,
y si el Señor mi Dios tiene a bien retirar cualquiera de sus dones y
aun quitarlos todos, aún entonces, sea el nombre del Señor
bendito[Job 1:21]; Él lo ha hecho todo bien. Una petición
más elevaré a tu trono de gracia, oh misericordioso Señor;
ruégote que en tu amor, prepares un camino para que tus siervos puedan
llegar a los pobres paganos de estas islas... Concede, oh Señor, que
seamos instrumentos para comenzar esta grande y bendita tarea, pero si, en tu
providencia, Tú ves bien cerrar nuestro camino y aun que debamos languidecer
y morir aquí, te ruego que levantes a otros y que mandes obreros a esta
mies. Que por la manifestación de tu gloria y gracia, se vea que nada
es demasiado difícil para ti... y apresura el día cuando el conocimiento
del Señor Jesucristo se manifieste, no sólo aquí, sino
por toda nación y pueblo y tribu, y se eleven ruegos y gracias, y una
ofrenda pura de los corazones que ahora yacen en tinieblas...»
Carta de despedida a su hijo
(Escrita el 27 de agosto de 1851, o sea diez días antes de su muerte):
«El Señor en su providencia está tomando en su seno a uno
y a otro de nuestro pequeño grupo misionero y no sé con qué
prontitud me llamará a mí, para que por su abundante gracia y
por su poder redentor, me una a la compañía de los santos en lo
alto, donde los goces duran para siempre. Es mi deseo, por lo tanto, preparar
esta carta para que puedas tener la última prueba de mi afecto hacia
ti y mi ferviente deseo por tu bienestar temporal y espiritual... Si pluguiera
al Señor inclinar tu corazón para que te des al ministerio del
Evangelio, luego de las Escrituras y los libros devocionales, haz del griego
y del hebreo tus principales estudios: el último no debe ser omitido
por ninguna razón. La botánica es un estudio muy útil y
placentero; si alguna vez salieras lejos, un conocimiento de las plantas y sus
propiedades te será de mucha utilidad. Lo mismo respecto de algún
conocimiento de medicina... El punto siguiente es el de tu profesión,
y ya ha llegado el momento cuando ésta debe ser determinada. Es un asunto
de suma importancia para decidirlo rápidamente; será el punto
que determinará hacia dónde se orientará tu vida, y tu
futura felicidad dependerá principalmente de la elección que hagas.
Guárdate de seguir demasiado de cerca tus inclinaciones naturales. Sólo
hay un método para llegar a una conclusión satisfactoria. Pon
todo el asunto delante del Señor como Ezequías [en Isaías
38]; pídele consejo y no confíes en tu propio entendimiento; así,
más tarde o más temprano, si lo pides con sencilla dependencia
de su enseñanza y guía, encontrarás un camino abierto delante
de ti. Cuando esto haya sido decidido finalmente, entonces haz la misma cosa
en cuanto a la esfera particular a que has de dedicarte. Pero te hago afectuosamente
esta advertencia: no pienses entrar en el ministerio del evangelio, si no sientes
conscientemente que estás constreñido por el amor de Cristo y
el sincero deseo de ganar almas para Él... Tu abuelo me dio esta orden
que te repito: «Lleva una vida útil», a lo que yo
agregaré que tomes la Palabra de Dios como tu guía y la consultes
diligentemente, orando para que el Espíritu Santo abra tu entendimiento,
porque no es la simple información de su contenido por mucho que
sea un estudio extensivo, crítico o aclaratorio lo que te llevará
seguramente a través de sus trampas y tentaciones de este mundo malo,
sino cuando se la recibe como la verdadera leche de la Palabra [1.ª Pedro
2:2] por la que nuestras almas son alimentadas y fortalecidas diariamente; entonces,
y sólo entonces, crecemos por ella y estamos preparados para los cuidados
y pruebas de la vida y somos renovados en el hombre interior [2.ª Corintios
4:16]; de ese modo, somos capacitados para servir de ornato a la doctrina que
profesamos y adecuarnos gradualmente para aquella herencia incorruptible e inmaculada
que no se pasa, reservada para todos los que viven por la fe en el Señor
Jesucristo.»
El hijo a quien Allen Gardiner dirigió la carta que acabamos de leer
llevaba el nombre de su padre. Cuando éste murió, el joven tenía
sólo 19 años. Allen (hijo) estudió medicina y cinco años
después, cumpliendo el deseo de su padre, fue a servir al Señor
en la Patagonia .
Carta de despedida a su hija:
«Ensenada Earnest, Tierra del Fuego, 28 de agosto de 1851.
Mi querida Emily:
Estamos en aguas profundas. [El libro de los Salmos utiliza muchas veces esta
expresión, que indica un gran sufrimiento, por ejemplo, en el Salmo 69].
El Señor ha puesto su mano de aflicción sobre nosotros. Tres de
nuestro pequeño grupo misionero, en su providencia, han sido llamados
a su descanso eterno. Ahora yo estoy muy débil y no sé cuán
pronto Él querrá complacerse en decir con respecto a mi: Ya
no habrá más tiempo [Apocalipsis 10:6 versión inglesa].
Pero Él me ha dado gracia para esperar pacientemente en su tiempo oportuno
y poner todo mi cuidado en Él, ya que tengo gran paz y una firme y bendita
esperanza de vida eterna. Mi corazón suspira por mis queridos hijos y
deseo ardientemente y oro que puedan participar en todas las grandes y perdurables
bendiciones del Evangelio. Tú, mi querida Emily, estás a punto
de dar el paso más importante en tu peregrinación terrenal. Que
tú y el compañero que tienes escogido para tus gozos y penas,
sean una bendición el uno para el otro y luchen mutuamente para el beneficio
de sus propias almas. Que la santidad siempre esté escrita, por decirlo
así, en las puertas de su casa [probable referencia a Deuteronomio 6,
como a Éxodo 12]. Pero cuídense de esperar demasiado del ser humano;
desde la caída en el paraíso, hay un gusano en el techo de todas
las satisfacciones humanas. Somos un fracaso total y, aún entre los más
cercanos y queridos de nuestros familiares, hay muchas situaciones en que debemos
soportar y perdonar. Ruego que cualquiera sea la situación a la que plazca
el Señor, en su buena providencia, colocarte, allí puedas estar
satisfecha. Él puede transformar el agua común del sostén
terrenal y sus satisfacciones en vino que da una bendición sobre todas
las cosas que tengas, sean pocas o muchas [probable referencia a Juan 2:1-12,
ya que su joven hija estaba por casarse]. La bendición del Señor
es la que enriquece; y no añade tristeza con ella[Proverbios 10:22].
Pero eso solo puede obtenerse frecuentando la Casa de la Gracia. No esperes
recibir bendición alguna sin pedirla allí. Es el camino señalado
por Dios y es un camino de gracia y condescendencia. Nunca nos podrá
faltar una respuesta rápida y abundante, porque Él puede hacer
todas las cosas abundantemente más allá de lo que pedimos
o entendemos[Efesios 3:20]. Te advertiré afectuosamente que te
cuides del hábito tan común ahora de permitirse libros de imaginación
y de lo que generalmente se llama literatura ligera. El tiempo es un don precioso
y debe rendirse buena cuenta de él. Aquel que sabe lo que es bueno ha
dicho: Redimid el tiempo. Pero una cosa es necesaria[citas de Efesios
5:16 y Lucas 10:42]. Pido que todo lo que digas o pienses y hagas, pueda ser
con referencia al camino de lo Alto y con un deseo de hacer progresar tu propia
alma y entonces no podrás errar. Que las Escrituras sean tu estudio frecuente,
pero la oración es la única clave por la cual ellas serán
abiertas y hechas efectivas para la salvación de nuestras almas.
Si éste es tu hábito diario, bien puedo decir que tu vida será
útil y feliz. Las cuerdas te han caído en lugares deleitosos y
es hermosa la heredad que te ha tocado»[referencia al Salmo 16].
Al día siguiente escribió a su esposa, pero de esa carta sólo
han llegado unas líneas pidiendo que no se abandone la Misión
en Chile. Ella le sobrevivió muchos años y trabajó en el
servicio del Señor
Ánimo, camaradas y adelante!
Que no nos intimiden los turbiones.
Para llegar de la jornada al cabo,
es menester atravesar desiertos.
Delante queda la bendita playa
donde no hay pecado ni tristezas...
Ánimo, pues, que la jornada es corta y
esta leve aflicción pronto termina.
La gracia nos ha guiado hasta este punto
y guiará todavía nuestros pasos.
A. Gardiner (Fragmento)
Nota: Tanto la «Meditación escrita en su último
cumpleaños» como las cartas que Gardiner escribió a su hijo
y a su hija, y el fragmento de la poesía, las hemos transcripto de uno
de los muchos libros que salieron de la pluma del escritor e historiador cristiano
Dr. Arnoldo Canclini cuyos excelentes relatos históricos hemos
leído con atención durante muchos años, a quien agradecemos
profundamente por la amabilidad de habernos permitido disponer de estos escritos
para compartirlos con nuestros lectores.
Epílogo
Entre las personas que hallaron el cadáver de Gardiner
estaba el comandante argentino Luis Piedra Buena. Los historiadores comentan
que en el momento del hallazgo, al ver tan triste espectáculo, este varonil
marino lloraba como un niño. También refieren que esas personas
expresaron: «Nunca en la vida hemos visto semejante fortaleza cristiana,
semejante paciencia y resistencia como la que mostraron estos pobres e infortunados
hombres que no murmuraron ni siquiera una vez.»
Nosotros podríamos agregar: ricos y afortunados hombres
llenos de fe y de valor, ricos en fe y en buenas obras;
afortunados herederos de Dios y coherederos con Cristo, a quienes
se les pueden aplicar las palabras: A vosotros os es concedido no sólo
que creáis en él, sino también que padezcáis por
él (Santiago 2:5; 1.ª Timoteo 6:18; Romanos 8:17; Filipenses
1:29).
A lo largo de su vida, Allen Gardiner surcó todos los mares
del mundo y recorrió África, Australia, China, India, Tahití,
Ceilán, Filipinas, Nueva Guinea, Nueva Zelanda, Bolivia, Panamá,
Brasil, Chile, Perú y Argentina. Llegó hasta las Islas Malvinas,
la Isla de los Estados y el cabo de Hornos. En uno de sus viajes cruzó
la cordillera de los Andes por el paso de Uspallata, en compañía
de su esposa y llevando a sus pequeños hijos en unos cestos, a lomo de
mula. Tuvo la oportunidad de conocer y tratar a muchas personalidades y autoridades
de su época, como el general José de San Martín.
Su misión no concluyó con su muerte, pues fue continuada
por muchos siervos del Señor que hasta hoy siguen sembrando la semilla
del Evangelio en esas lejanas tierras donde él dejó la vida.
Queridos jóvenes, durante este año hemos podido
recordar la obra de amor de Allen Gardiner quien, con gran valor, sembró
la Palabra del Señor por doquier. La publicación de esta historia,
que toca las fibras de nuestro corazón, no ha tenido por objeto exaltar
al hombre, sino al Señor Jesús, a quien pertenece toda la gloria
y quien nos amó hasta el fin. Él fue el que obró en el
corazón de Gardiner generando en este siervo el ferviente deseo de anunciar
el Evangelio hasta lo último de la tierra.
Quizá nos haya impresionado el final de su vida, pero la
oración que él elevó en aquellas desoladas tierras, diciendo:
«Señor, levanta obreros que puedan llevar la verdad salvadora del
Evangelio», nos hace acordar del versículo que dice: Uno
es el que siembra, y otro es el que siega (Juan 4:37). ¿No nos
estimula a sembrar la semilla de la Palabra entre todos nuestros conocidos o
allí donde el Señor nos permita hablar de su amor?
Jorge y Leonor Arakelian
