La fe es la íntima persuasión del alma respecto a los pensamientos
de Dios. La Palabra de Dios es la que los revela y la creemos, la recibimos
sin duda, con toda simplicidad y humildad, porque ella tiene el sello de la
autoridad del soberano Dios.
La palabra fe tiene diversas acepciones:
1. La fe es el medio por el cual el hombre recibe la salvación:
Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo. Por
gracia sois salvos por medio de la fe... no por obras (Efesios 2:8-9).
2. La fe es la serena confianza en Dios frente a todas las circunstancias
que se presentan en la vida diaria. Un día dijeron los apóstoles
al Señor: Auméntanos la fe. Jesús dijo a sus discípulos:
Tened fe en Dios (Lucas 17:5; Marcos 11.22).
3. La fe es el conjunto de la doctrina cristiana a la cual se aferra
nuestra fe; doctrina que debemos mantener en su integridad: Me ha sido
necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente
por la fe que ha sido dada una vez a los santos (Judas 3).
4. La fe es un don del Espíritu que se ejerce en el seno del
Cuerpo de Cristo. Es una medida particular de fe práctica que al que
le ha sido otorgada le da la capacidad de obrar, frente a todo y contra todo,
para el bien de la Iglesia: Porque a éste es dada por el Espíritu
palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia... a otro, fe
por el mismo Espíritu (1.ª Corintios 12:8-9).
5. La fe es, también, el móvil de la actividad de los
testigos de Dios en el mundo. Ellos son animados y estimulados por la fe
que es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se
ve (Hebreos 11:1). Un respetado expositor bíblico escribió: «Esos
testigos tienen tal convicción interior de estas cosas, que ellas se
les presentan como poderosas realidades» (H. Rossier).