¿No os he escogido yo a vosotros los doce,
y uno de vosotros es diablo? (Juan 6:70)
A menudo se ha formulado esta pregunta: ¿Por qué el Señor
escogió a Judas como uno de sus discípulos, si desde el principio
sabía que lo iba a entregar (Juan 6:64)?
¿Necesitaba Jesús a alguien que fuese un traidor? Los fariseos
lo necesitaban, porque no sabían dónde se encontraba por las noches,
cuando las multitudes dejaban de apretujarse alrededor de Él. Ellos buscaban
cómo echarle mano (Mateo 21:45-46), pero tenían temor
de hacerlo en presencia del pueblo y, para prenderlo, querían hallarlo
en un lugar tranquilo. Por eso se alegraron cuando Judas prometió guiarlos
hasta donde se encontraba el Señor cuando estaba solo con sus discípulos.
El Señor había participado de sangre y carne a fin de poder pasar
por la muerte; pero para ello no necesitaba, de ninguna manera, la acción
de un traidor. Él mismo podía haber dado a sus enemigos una clara
indicación de sus desplazamientos.
La respuesta a la pregunta, ¿no la da el Señor mismo, cuando
dice: Uno de vosotros es diablo (Juan 6:70)? La palabra diablo
significa literalmente: adversario o acusador, términos
que describen el título y el papel de Satanás, quien acusa a los
creyentes delante de Dios día y noche (cf. Apocalipsis 12:10; Job 1:11;
Zacarías 3:1). Pero él no puede mantener una acusación
contra aquellos que son justificados por la sangre de Cristo. Judas, pues, era
un acusador, aun antes de que Satanás hubiese entrado en él (Juan
13;27).
La elección de Judas aporta un notable testimonio de la perfección
de nuestro divino Señor. Los discípulos fueron escogidos por el
Señor para que estuviesen con él (Marcos 3:14). Durante
tres años ellos lo acompañaron de día y de noche, escuchando
Sus palabras y observando Sus hechos. Pero entre ellos se encontraba un hombre
que jamás amó al Señor, un hombre animado por un espíritu
de crítica (Juan 12:4-5), que lo servía por motivos sórdidos
(Juan 12:6).
Nadie resulta más apropiado para revelar las faltas de una persona,
que aquel que ha vivido en la intimidad con ella. El Señor escogió
a un enemigo para que formara parte de sus compañeros, a uno que era
acusador por naturaleza y que se justificaba a sí mismo acusando a otros.
Cuando los fariseos buscaban por todas partes a un testigo contra Jesús,
¿podían haber encontrado a uno mejor que Judas para llevar a cabo
sus propósitos? ¡No había nadie como Judas, quien conocía
tanto al Señor y era su enemigo! Sin embargo, Judas nunca se presentó
para testificar contra el Señor. ¡Este acusador no tenía
ningún motivo para presentar una acusación, pues jamás
pudo hallar en Él una sola mancha o una falta! Todo lo que Judas pudo
declarar fue: Yo he pecado entregando sangre inocente (Mateo 27:4).
¡Qué perfección se ve en nuestro Salvador! ¡Cuán
grande es su gloria moral!